Las Raíces que No Se Ven

Sobre la fe, el rechazo y la decisión de construir.

El año 2025 me encontró desempleado, y las puertas seguían cerrándose. Las razones iban desde entrevistadores que creían que no me quedaría mucho tiempo, porque el salario estaba por debajo de lo que estaba acostumbrado, aun cuando yo estaba dispuesto a aceptar el trabajo. Otros señalaban una certificación que no tenía. Y luego estaba esa razón que nadie dice en voz alta, pero que todos conocen: el sesgo por la edad, pues ya paso de los 51. Una puerta tras otra, cada una con una razón cortés, todas cerradas. Por un corto tiempo exploré trabajando en un call center, pero el esfuerzo que exigía y la recompensa que daba hacían que la experiencia se sintiera como una trampa, en la que no veía cómo podría volver a ponerme de pie por completo; era un desgaste mental y físico que me dejaba sin energía para explorar proyectos paralelos que complementaran mis ingresos.

Nunca había vivido algo así. Seré honesto: la duda me visitaba a menudo. Cuando uno tiene años de experiencia y conocimiento y aun así escucha un no, es fácil preguntarse si el problema es uno mismo. Es fácil quedarse esperando junto a una puerta que no va a abrirse.

El bambú crece lentamente

Lo que me mantuvo fuerte fue mi fe en Dios y el recuerdo de lecciones pasadas. Recuerdo cómo Dios proveyó para mí en el pasado, y eso me recordó que el futuro sería igual, pero que había una nueva lección que necesitaba aprender de mi situación presente. Me acordé de una historia que cuentan sobre el árbol de bambú y la lección que podemos aprender y aplicar en los tiempos difíciles. Mientras crece, no parece haber ningún progreso. No hay hojas nuevas, no hay ramas nuevas, nada en la superficie que muestre lo que ocurre por dentro. Pero, debajo, las raíces se extienden y crecen, se hacen más fuertes, y eso es lo más importante. Cuando el bambú por fin se dispara hacia arriba, rápido y alto, las raíces están listas para sostenerlo firme. Si la raíz no es estable primero, la planta se derrumba bajo su propia altura.

Me di cuenta de que había estado tratando las puertas cerradas como el final de la historia, cuando en realidad eran la parte invisible de la raíz. Los años de experiencia, el conocimiento, las habilidades que había estado construyendo todo el tiempo: nada de eso se desperdició. Era el sistema de raíces, solo que aún no era visible.

Recuerdo una historia en la Biblia, Éxodo 4:1-5, cuando Moisés dudaba de que los israelitas lo escucharan y creyeran que Dios lo estaba usando para guiarlos; la respuesta de Dios fue: «¿Qué es eso que tienes en tu mano?». Para mí eso eran mis años de experiencia, las habilidades que había desarrollado, las soluciones que he construido para resolver problemas, la mentalidad y el entendimiento que me harían capaz de enfrentar cualquier escenario en tecnología de la información y ciberseguridad. Así, no estaba limitado por lo que pudiera no saber, porque había desarrollado un sistema para adaptarme, comprender y abordar cualquier situación. Dejé de esperar. Dejé de dudar. Decidí que, si nadie me daba un asiento en su mesa, construiría la mía propia. Tomé todo lo que sabía sobre ciberseguridad y empecé a construir una marca y, algún día (lo creo), una empresa; pero, por ahora, estoy caminando y pronto comenzaré a correr. Llamé a mi marca Masada Hardening, en honor a la antigua fortaleza que se mantuvo firme y no cayó. Me gustó esa historia y la vi como un nombre adecuado para mi visión: un bastión, algo construido para resistir bajo presión, que es exactamente lo que significa endurecer un sistema.

Todavía estoy en los inicios de esto, y el crecimiento visible apenas comienza a notarse. Pero ya no estoy esperando. Estoy construyendo, primero la raíz, y sé que lo que aún no puedo ver está sosteniendo lo que viene.

El crecimiento que se ve se sostiene sobre las raíces que no se ven.